Cuando yo era tan grande como tú, mis padres, un día como éste, me sentaron sobre sus rodillas y me contaron una historia que seguro te hará comprender mejor la verdad sobre los Reyes Magos. 

Hace muchos muchos años, cuando el niño Jesús Nació, unos reyes que vivían en Oriente vieron una estrella fugaz que les dirigió hasta el portal de Belén para adorarle. Estos Reyes que eran muy bondadosos, le llevaron tres regalos por su nacimiento. 

El niño Jesús se puso muy contentos, algo que a los Reyes Magos les llenó de gozo y alegría. Nunca antes habían visto un niño tan feliz. Por ello, el mayor de los tres reyes, Melchor, que era el más sabio tuvo una grandiosa idea.

- ¡Que feliz me hace ver a este niño tan alegre! Es lo más bonito que he visto nunca y sería maravilloso poder ver esta sonrisa en los niños de todo el mundo. ¿Qué os parece si vamos a repartir regalos a los niños de todo el mundo? - dijo a Gaspar y Baltasar. 

Gaspar que era el más sensato de los tres añadió: 

- Estoy de acuerdo Melchor, pero aunque viajásemos todo el día, todo el año, cada uno fuéramos a un país y llevásemos a nuestros tres pajes, es imposible dar regalos a todos los niños. 

- Sería estupendo, pero como dice Gaspar, es difícil recorrer el mundo entero. Ya somos ancianos y nuestros camellos empiezan a cojear también. Pero sería tan bonito que al menos un día al año todos los niños tuvieran regalos... 

Los tres Reyes Magos desdibujaron de su cara la sonrisa que habían mantenido hasta el momento, pasando a estar tristes por darse cuenta de que su grandiosa idea era imposible de realizar...

De repente, San José, la Virgen María y el niño Jesús aparecieron a sus espaldas y sonriéndoles José se dirigió a ellos:  

- Tenéis unas ideas muy nobles mis queridos Reyes Magos, y os agradecemos los regalos que habéis entregado a mi niño Jesús. Es posible que podamos ayudaros en algo. ¿Qué necesitáis para llevar regalos a todos los niños?

- Pues... necesitaríamos miles y millones de pajes, al menos uno para cada niño para poderles llevar a su casa, al mismo tiempo, todos los regalos, pero es imposible... no tenemos tantos pajes, a penas tenemos tres - dijo Gaspar. 

- No os preocupéis por eso - dijo el niño Jesús con su linda vocecita - yo os concedo todos los pajes que sean necesarios para que no sólo los niños tengan regalos en este día, sino para que sean todas las personas las que los reciban, 

- ¡Sería tan hermoso! - dijeron a la vez todos los que estaban allí reunidos. 

- Pero... ¿Cómo lo haremos? - añadió Baltasar un tanto confuso. 

- Sería necesario que esos pajes supieran los deseos de los niños y que los quisieran tanto como para conseguir lo que deseen - añadió Melchor. 

- Mis queridos Reyes Magos, ya sé quienes harán este maravilloso trabajo. ¿No es verdad que quienes mejor conocen a los niños y quienes más los quieren son sus padres?  - dijo el niño Jesús emocionado. 

Los ojos de los tres reyes se iluminaron ante la solución a su problema, pues ya comprendían lo que esto quería decir. Y tras su asentimiento el niño continuó. 

- Veo que lo habéis comprendido. Así pues, haced llegar a todos los hogares mi mensaje en que en nombre de los Tres Reyes Magos de Oriente todos los niños del mundo recibirán regalos el mismo día en que a mí me los hicieron, la noche del 5 de enero. Todos los padres de todos los hogares se convertirán en pajes por un día y, en vuestro nombre, y de vuestra parte, hagan entrega de los regalos a sus hijos esa noche. Sólo cuando los niños sean suficientemente mayores, los padres contarán esta historia a sus hijos y recordarán que gracias a Sus Majestades los Tres Reyes de Oriente todos los niños reciben regalos al menos, un día al año. 

Dicho esto, los Tres Reyes Magos se pusieron en marcha y divulgaron el mensaje a todos los hogares y a partir del año siguiente, cada 5 de enero por la noche, los papás preparaban los regalos para que al día siguiente la sonrisa de los niños fuera lo más importante en todo el mundo.